Te has preguntado alguna vez:
- ¿Por qué es que me siento poco valioso?
- ¿Por qué hago cosas y no me siento buena persona?
- ¿Dejaré algún impacto en el mundo?
Si has pensado alguna de esas ideas, más aún, si son frecuentes, te puede servir mucho leer este artículo ya que voy a compartirte cómo centrarte en las buenas acciones que haces y que esto te ayude a mejorar tu bienestar emocional.
En la sociedad actual, a menudo nos enfocamos en nuestros errores y fallas en lugar de celebrar nuestras victorias y logros. Esto es bastante común y puede llevar a sentimientos de frustración y desesperanza, lo que puede afectar negativamente nuestro bienestar emocional.
¿Cuál es la fuente del problema?
Gran parte del problema de no valorar demasiado lo que hacemos tiene que ver con la forma en la que la sociedad valora los esfuerzos que hace una persona, nos dicen que “tenemos que dejar impacto“, que “tenemos que pensar positivo“, que “seamos exitosos“, que “dejemos huella“; todas esas ideas hasta cierto punto están bien, después de todo no está mal que aspiremos a hacer cosas importantes con nuestra vida; realmente el problema radica en sí se malentiende lo que tenemos que hacer o dejar de hacer para lograr eso.
El ejemplo más claro está en que la mayoría de frases que nos dice la sociedad cuándo nos exige este tipo de cosas, contienen las palabras “tienes”, “debes”, “necesitas”, como he mencionado en otros artículos, él debería es una creencia muy restrictiva porque nos hace pensar que las cosas las tenemos que hacer de cierta forma y que si no las hacemos así estamos mal.
Y entonces, caemos en el problema del “hacer”, este problema es descrito por el Dr. Mihaly Csikszentmihalyi, como una forma de percibir cómo tenemos que vivir, y nos lleva a pensar que si no hacemos (actuamos, logramos cosas, etcétera) nuestro valor es menor, hasta cierto grado la sociedad nos exige eso, que hagamos cosas para ser valiosos, en contraste del “ser”, que se refiere a vivir el momento y aceptar que no tenemos que estar “haciendo” todo el tiempo mientras seamos lo que queremos ser.
Sí partimos de ahí, es fácil entonces darnos cuenta que si nos juzgamos negativamente por no hacer ciertas cosas es precisamente por ciertas ideas y costumbres sociales donde si no hacemos no valemos, y todavía peor en casos donde sí hacemos lo que “deberíamos”, pero como esas acciones no tienen mucho impacto en nuestro entorno entonces estamos mal.
¡Pero la realidad es que nunca nadie dijo que teníamos que hacer un impacto extraordinario en nuestro entorno (no es que si lo logramos este mal, de hecho está muy bien), pero si aprendemos a soltar esa idea, podemos comenzar aprender a apreciar las cosas que vamos haciendo, valorar nuestro esfuerzo y resultados, no sólo los resultados!
Hay una distorsión del pensamiento que tiene mucho que ver con esta manera de pensar la cual es llamada minimización, esta creencia sucede cuando al hacer alguna cosa positiva o al pasarnos alguna cosa positiva, nuestra mente hace más pequeñas las cosas buenas que pasaron.
Como ya he mencionado en algunas otras ocasiones, el problema con la minimización tiene que ver con que nuestra mente ignora las cosas positivas que están pasando, sin embargo como todo pensamiento distorsionado, esta idea no puede soportar que la pongamos a prueba, y además puede ser cambiada sí tomamos acción para poderla afectar hacia el sentido que nosotros busquemos.
Una propuesta de solución.
Nuestra arma más grande contra la minimización, y por tanto contra el no tomar en cuenta las cosas buenas que hacemos, es contar.

Al reconocer nuestras buenas acciones, podemos fortalecer nuestra autoestima y aumentar nuestra confianza en nosotros mismos. Además, reconocer las buenas acciones de los demás también puede ayudarnos a cultivar relaciones más positivas y significativas con aquellos que nos rodean. Al hacerlo, podemos crear un ambiente más positivo y motivador en nuestras vidas.
¡ Cuestiona la expectativa de la sociedad!
Es importante recordar que las buenas acciones no tienen que ser grandes gestos para tener un impacto positivo. Algo tan simple como una sonrisa o una palabra amable puede marcar la diferencia en la vida de alguien. Al centrarnos en estas pequeñas acciones y celebrarlas, podemos comenzar a cultivar una actitud más positiva hacia nosotros mismos y hacia los demás.
A veces la sociedad pareciera que lo que quiere es que hagamos acciones de película, descubrimientos filosóficos profundos, hacer algún cambio social extraordinario, o lograr éxito en situaciones difíciles; sin embargo en ninguna parte está escrito que tengamos que hacer tanto esfuerzo para valer la pena, para ser personas valiosas que estamos aportando cosas al mundo, y estoy bien seguro que si lo piensas en un buen momento, el regalarle una sonrisa a alguien, él convivir un buen rato con tus amigos, el ver la expresión de orgullo de tus padres cuando hiciste incluso alguna “cosita”, son cosas importantes que es bueno tener en cuenta.
En resumen, centrarse en nuestras buenas acciones y darnos crédito por lo que hacemos por los demás puede tener un impacto positivo en nuestro bienestar emocional. Al celebrar las buenas acciones de nosotros mismos y de los demás, podemos fortalecer nuestras relaciones, aumentar nuestra autoestima y crear un ambiente más positivo en nuestras vidas. Así que, la próxima vez que hagas algo bueno por alguien más, ¡date crédito y celebra tu buena acción!