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La generación no necesariamente es más débil; el entorno donde ocurre el acoso es diferente.

El bullying no comenzó con las redes sociales.

Muchos adultos recuerdan apodos, burlas, exclusiones, amenazas, peleas o humillaciones durante sus años escolares. Por eso, cuando hoy se habla del impacto emocional del acoso escolar, algunas personas responden:

“Eso siempre ha existido.”

Y tienen razón.

El bullying ha existido durante generaciones.

Pero esa afirmación deja fuera una pregunta mucho más importante:

Si siempre ha existido, ¿qué ha cambiado para que hoy pueda penetrar tan profundamente en la vida de un niño o adolescente?

La respuesta no parece estar simplemente en que los jóvenes actuales sean menos fuertes emocionalmente.

Una parte importante de la explicación está en el ambiente digital en el que ahora ocurre el bullying.

La tecnología no creó el acoso, pero cambió su alcance, su velocidad, su permanencia y la capacidad que tiene de acompañar a la víctima.

El bullying sigue siendo un problema mundial.

La magnitud del problema obliga a tomarlo en serio.

UNESCO informa que, a nivel mundial, aproximadamente uno de cada tres estudiantes experimenta bullying escolar cada mes. La organización también advierte que el creciente uso de dispositivos digitales ha contribuido a intensificar el problema del ciberacoso.

Los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud para Europa, Asia Central y Canadá ofrecen otro dato particularmente importante: entre 2018 y 2022, los niveles generales de bullying escolar permanecieron relativamente estables, mientras que el ciberbullying aumentó.

En ese estudio, realizado en 44 países y regiones, aproximadamente el 15 % de los adolescentes —cerca de uno de cada seis— reportó haber experimentado ciberbullying.

Esto nos permite hacer una distinción importante:

No podemos afirmar simplemente que todo el bullying está aumentando. Lo que sí podemos afirmar es que la dimensión digital del problema está adquiriendo mayor importancia.

Y eso cambia profundamente la experiencia de la víctima.

1. Antes el bullying podía terminar al salir de la escuela
Imagine a un estudiante hace treinta o cuarenta años.

Podía ser molestado en el salón, durante el recreo, en el autobús o camino a casa.

La experiencia podía ser profundamente dolorosa.

Pero al llegar a su hogar existía, al menos en muchos casos, una separación física entre él y quienes lo acosaban.

La casa podía convertirse en refugio.

Hoy esa frontera prácticamente ha desaparecido.

El agresor puede entrar en la habitación de la víctima por medio del teléfono.

Puede hacerlo:

• a las cuatro de la tarde.
• a las diez de la noche.
• durante el fin de semana.
• en vacaciones.
• mientras el adolescente intenta dormir.

La Organización Mundial de la Salud advierte precisamente que el ciberbullying puede extenderse más allá de las puertas de la escuela y penetrar lo que debería sentirse como la seguridad del hogar.

El bullying no necesariamente tiene horario de salida.

2. La audiencia puede multiplicarse

Hay una diferencia emocional importante entre ser humillado delante de cinco compañeros y ser humillado delante de cientos o miles de personas.

Imagine que un estudiante tropieza frente a algunos compañeros.

Varios se ríen.

Es desagradable y puede resultar humillante.

Ahora imagine exactamente la misma situación, pero alguien la graba.

El video pasa a un grupo.

Después alguien lo publica.

Otro lo convierte en meme.

Otros comienzan a comentarlo y compartirlo.

El adolescente ya no siente que está enfrentando solamente al agresor original.

Puede sentir que está enfrentando a toda una comunidad.

UNICEF señala que el amplio alcance de Internet es precisamente una de las características que puede magnificar el impacto negativo del ciberbullying.

La humillación deja de ser solamente interpersonal.

Puede convertirse en pública.

3. Lo digital puede permanecer

Una palabra pronunciada puede recordarse durante años.

Pero una publicación puede además conservarse.

Un video puede descargarse.

Una fotografía puede guardarse.

Un mensaje puede capturarse antes de ser eliminado.

UNICEF identifica la permanencia digital como otra de las características que puede aumentar el impacto del acoso en línea.

La víctima puede comenzar a preguntarse:

• “¿Quién más lo vio?”
• “¿Quién todavía tiene la fotografía?”
• “¿Lo volverán a publicar?”
• “¿Qué estarán diciendo de mí?”

Aunque el episodio haya terminado, emocionalmente puede seguir presente.

4. El agresor puede ser anónimo

El bullying tradicional normalmente tiene un rostro.

El ciberbullying no siempre.

Pueden aparecer:

• cuentas falsas.
• perfiles anónimos.
• mensajes temporales.
• grupos privados.
• comentarios realizados desde identidades desconocidas.

UNICEF también identifica el anonimato como un factor capaz de aumentar el impacto del acoso digital.

Cuando la víctima desconoce quién está detrás de la agresión, puede comenzar a preguntarse:

“¿Será alguien de mi clase?”

“¿Será una persona que considero mi amiga?”

“¿En quién puedo confiar?”

La amenaza deja de tener un rostro definido y la desconfianza puede extenderse hacia muchas personas.

5. La adolescencia ya es una etapa sensible para la identidad

La adolescencia es una etapa en la que todavía se está respondiendo una pregunta fundamental:

“¿Quién soy?”

La Organización Mundial de la Salud describe la adolescencia como un período decisivo para el desarrollo emocional y social. También reconoce el bullying, la violencia, la presión social, las relaciones con los compañeros y la influencia de los medios como factores capaces de afectar la salud mental de los jóvenes.

Ahora añadamos el mundo digital.

Los adolescentes observan continuamente:

• cuerpos
• ropa
• viajes
• relaciones
• popularidad
• éxitos
• seguidores
• “likes”
• estilos de vida aparentemente perfectos.

Aunque sabemos racionalmente que las redes muestran versiones seleccionadas de la realidad, la comparación sigue ocurriendo.

Por eso, cuando un adolescente que todavía está construyendo su identidad comienza a recibir ataques sobre:

• su cuerpo
• su peso
• su color de piel
• su cabello
• su manera de hablar
• su situación económica
• sus capacidades
• su personalidad
• cualquier característica que lo haga sentirse diferente

la agresión puede alcanzar directamente la forma en que se percibe a sí mismo.

Quizás ninguna generación anterior tuvo que construir su identidad mientras era potencialmente observada, comparada, evaluada y comentada digitalmente de manera constante.

6. El poder ya no es solamente físico

Durante muchos años se relacionó el bullying con alguien físicamente más fuerte intimidando a otra persona.

Pero el poder puede manifestarse de otras maneras.

En el mundo digital alguien puede tener:

• más seguidores.
• mayor influencia social.
• acceso a fotografías privadas.
• información personal.
• habilidad tecnológica.
• simplemente mayor capacidad para hacer circular un contenido.

Por eso, cuando hablamos de la desigualdad de poder característica del bullying, hoy también debemos considerar el poder digital.

Una persona no necesita ser físicamente más fuerte para causar un daño considerable.

7. Estamos más conectados, pero no necesariamente más acompañados

Esta es una de las paradojas de nuestra época.

Nunca habíamos tenido tantas maneras de comunicarnos.

Sin embargo, estar conectado no es necesariamente sentirse acompañado.

Un adolescente puede tener cientos de contactos y no saber con quién hablar cuando está siendo acosado.

Puede recibir mensajes durante todo el día y, aun así, sentirse profundamente solo.

Por eso una pregunta fundamental para padres, maestros, iglesias y comunidades debería ser:

“¿Tiene este joven por lo menos una persona segura a quien acudir cuando algo le duele?”

Porque uno de los mayores factores protectores frente a una crisis emocional sigue siendo la presencia de relaciones humanas saludables.

Un adolescente no necesita solamente conectividad.

Necesita conexión.

Entonces, ¿esta generación es más débil?

Creo que esa es la pregunta equivocada.

Sería más justo preguntar:

¿Está esta generación enfrentando una forma de bullying potencialmente más invasiva que la que enfrentaron generaciones anteriores?

Desde esa perspectiva, existen diferencias claras.

El bullying contemporáneo puede ser:

• más permanente.
• más público.
• más anónimo.
• más rápido.
• más difícil de escapar.
• y capaz de entrar al hogar las 24 horas del día.

No necesariamente estamos frente a adolescentes más débiles.

Estamos frente a adolescentes viviendo en un ambiente social y tecnológico diferente.

El impacto emocional no debe minimizarse.

UNESCO advierte que el bullying tiene consecuencias importantes para la salud mental, la seguridad y el rendimiento educativo de los estudiantes.

Datos recientes de la organización señalan que las víctimas de bullying presentan mayores probabilidades de experimentar problemas como soledad intensa, dificultades para dormir y pensamientos suicidas.

La Organización Mundial de la Salud también reconoce el bullying como un factor de riesgo para la salud mental durante una etapa en la que el cerebro, las relaciones sociales y la identidad continúan desarrollándose.

Por eso expresiones como:

• “Eso siempre ha existido.”
• “Defiéndete.”
• “Cuando yo estudiaba era peor.”
• “No seas tan sensible.”
• pueden hacer mucho daño.

No porque necesariamente sean pronunciadas con mala intención, sino porque pueden comunicarle al joven:

“Lo que estás sintiendo no es importante.”

Y precisamente cuando alguien está sufriendo necesitamos mantener abierta la puerta de la comunicación.

Desde InRestauration: detener el bullying no es suficiente.

Detener la conducta del agresor es indispensable.

La familia y la escuela deben intervenir.

Pero existe otra pregunta:

¿Qué hacemos con lo que el bullying dejó dentro de la persona que fue herida?

Desde la visión de InRestauration, consideramos especialmente importantes tres dimensiones del proceso de restauración:

1. Autoconocimiento

El bullying puede hacer que las palabras del agresor terminen convirtiéndose en la voz interior de la víctima.

Después de escuchar repetidamente:

• “Eres feo.”
• “No sirves.”
• “Nadie te quiere.”
• “Eres raro.”
• “Todos se ríen de ti.”

el joven puede terminar pensando:

“Tal vez sea verdad.”

Por eso el autoconocimiento es fundamental.

La persona necesita aprender a distinguir:

• lo que alguien dijo acerca de mí.

• de quién realmente soy.

La restauración comienza cuando dejamos de permitir que la voz del agresor defina nuestra identidad.

2. Apoyo emocional

Nadie debería atravesar el bullying solo.

• Padres.
• Maestros.
• Consejeros.
• Amigos.
• Mentores.
• Líderes espirituales.
• Comunidades saludables.

Todos pueden convertirse en parte de una red protectora.

Una de las preguntas más importantes que podemos hacerle a un adolescente es:

“¿Con quién puedes hablar cuando algo te duele?”

Si su respuesta es:

“Con nadie”,

tenemos un problema que debemos atender.

A veces una conversación con una persona segura puede ser el comienzo de todo un proceso de restauración.

3. Crecimiento espiritual

Para una persona de fe existe además una pregunta profundamente significativa:

¿Quién dice Dios que soy?

El bullying intenta construir nuestra identidad desde la opinión de otra persona.

La espiritualidad cristiana invita a construirla desde una perspectiva diferente.

David escribió:

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras.”

Salmo 139:14

La fe no significa ignorar el dolor.

Tampoco sustituye la intervención médica, psicológica, familiar o escolar cuando esta es necesaria.

Pero el crecimiento espiritual puede convertirse en una fuente poderosa de:

• esperanza
• sentido
• identidad
• resiliencia
• perdón
• propósito

Desde InRestauration creemos que Dios sana desde adentro hacia afuera.

Los padres también necesitan entrar en el mundo digital de sus hijos.
Durante años preguntamos:

“¿Cómo te fue hoy en la escuela?”

Esa pregunta sigue siendo importante.

Pero hoy necesitamos añadir otras:

• “¿Cómo están las cosas en tus grupos?”
• “¿Alguien te está molestando por Internet?”
• “¿Hay algo que estén compartiendo sobre ti?”
• “¿Has visto que estén humillando a algún compañero?”
• “¿Hay algo en tu teléfono que quisieras enseñarme, pero tienes miedo de cómo voy a reaccionar?”

Los padres no necesitan convertirse únicamente en policías digitales.

Necesitan convertirse en personas suficientemente seguras para que sus hijos quieran acudir a ellos cuando algo ocurra.

Esa diferencia puede ser decisiva.

Una generación diferente necesita una respuesta diferente.

No debemos interpretar un problema moderno solamente desde las experiencias de nuestra propia adolescencia.

Sí:

el bullying siempre ha existido.

Pero el ambiente donde ocurre ya no es el mismo.

Antes podía perseguir al niño por los pasillos de la escuela.

Hoy puede perseguirlo hasta su habitación.

Antes una humillación podía ser presenciada por veinte compañeros.

Hoy puede ser vista por cientos o miles de personas.

Antes una burla podía desaparecer con el paso del tiempo.

Hoy una fotografía o un video pueden permanecer almacenados y reaparecer.

Por eso nuestra respuesta también necesita evolucionar.

Necesitamos:

• familias emocionalmente presentes.
• escuelas preparadas.
• educación digital.
• intervención temprana.
• comunidades que no normalicen la humillación.
• y jóvenes que conozcan su valor antes de que alguien intente definírselo.

Reflexión final

Quizás deberíamos dejar de preguntar:

“¿Por qué esta generación no soporta lo que nosotros soportábamos?”

Y comenzar a preguntarnos:

“¿Comprendemos realmente el mundo en el que nuestros hijos están enfrentando el bullying?”

Porque mientras nosotros recordamos el patio de la escuela, ellos llevan ese patio en el bolsillo.

Y si el bullying puede acompañarlos a todas partes, nuestra presencia, nuestro apoyo y nuestra orientación también deben estar disponibles.

Detener el bullying es necesario.

Pero no es suficiente.

También necesitamos ayudar a restaurar a la persona que fue herida.

En InRestauration creemos en un proceso que fortalece:

• el autoconocimiento.
• el apoyo emocional.
• y el crecimiento espiritual.

Porque el bullying puede herir profundamente.

Pero una herida no tiene que convertirse en identidad.

FUENTES CONSULTADAS

• UNESCO. Definir el acoso en la escuela y sus implicaciones para la educación, los docentes y los educandos. 2023, actualización 2024.
• UNESCO. Violencia y acoso escolar: la UNESCO reclama una mejor protección de los estudiantes. 2024.
• Organización Mundial de la Salud, Oficina Regional para Europa. One in six school-aged children experiences cyberbullying, finds new WHO/Europe study. 2024. Datos del estudio HBSC 2021/2022 en 44 países y regiones.
• Organización Mundial de la Salud. La salud mental de los adolescentes. Actualización 2025.
• UNICEF. Protecting children from bullying and harassment and other forms of violence facilitated by digital technologies. Policy Brief, 2024.

InRestauration

Dios sana desde adentro hacia afuera.

Dr. Andrés Lizardo

Autoconocimiento • Apoyo emocional • Crecimiento espiritual